La luz de la nevera ilumina la cocina cuando recoges la sexta o séptima cerveza. En realidad has perdido la
cuenta hace un buen rato.
Miras a tu alrededor mientras cierras la puerta del frigorifico en busca del abridor y lo encuentras finalmente
rebuscando bajo un montón de latas vacías y restos de embases de comida basura a domicilio.
Regresas al salón y enciendes el ordenador. El ordenador va bastante lento pese a que lo compraste hace
apenas un par de meses. En el monitor se empieza a visualizar una foto en la que aparece tu hija, tu expareja y
tu. Arrancas a llorar una vez más ya que te vienen a la mente viejos momentos cuando aún érais una familia
unida.
El reloj de cuco situado a la izquierda de la chimenea marca la media noche. Tras un buen rato navegando
entre titulares decides escribir un email a tu hija ya que nunca te coje el teléfono.
En la bandeja de entrada ves cientos de correos sin leer pero uno en especial te llama la atención. Procede de
un remitente desconocido y no tiene asunto aunque lleva un adjunto basante pesado.
Estás confusa, no sabes que hacer...

¿Prefieres ir a buscar otra cerveza mientras se descarga el adjunto?
¿Prefieres eliminar el correo e ir a dormir de una vez?