El problema evolutivo de la IA

El problema de la IA es un problema evolutivo. Hace 500.000 años teníamos mucho más pelo, mandíbulas más grandes, dientes y uñas adaptados al medio. Éramos seres humanos, pero distintos físicamente. Poco a poco, mientras empezamos a construir casas, ropa y cosas para cazar, la necesidad de tener tanto pelo y dientes grandes disminuyó. Siempre adaptándonos al medio en el que vivíamos. Es comprensible: nuestros cuerpos cambiaron porque modificamos el medio para hacerlo más acogedor.

La evolución tecnocientífica produjo un invento increíble, el libro impreso, teniendo imprenta ya podíamos conocer lo que pensaban otros individuos, lo que descubrieron y lo que no. La cultura empezó a descender de las clases altas a las mayorías, y por eso realizamos descubrimientos y avances continuos. La ciencia no paró de crecer y mejorar. Los alquimistas se convirtieron en físicos y químicos, mezclamos sustancias, les dimos calor, presión y empezamos a catalogar el mundo entero. Los antibióticos redujeron la mortalidad infantil y la esperanza de vida aumentó.

Internet hizo que los libros y las ideas no solo fueran accesibles para todos, sino que serían accesibles de forma instantánea. Y no solo eso, científicos repartidos por todo el mundo podían conectar e intercambiar ideas y resultados de sus experimentos, lo que aceleró aún más el desarrollo.

Y, por supuesto, el aumento de la velocidad de nuestros chips dio por fin la esperada IA, cosa que no es nueva ni revolucionaria. Alan Turing y otros científicos predijeron su llegada. Hay muchos problemas con su implementación, debido a que es un monopolio tecnológico, solo una empresa produce esos chips que todo el mundo necesita. Pero creedme que no estoy aquí para hablar de tecnofeudalismo, aunque ya hablaremos de eso. No, este escrito es para pensar sobre la implicación que tiene el propio concepto, y es que es tan sencillo como esto: «No necesitamos dientes grandes porque cocinamos la comida; del mismo modo, ya no necesitamos inteligencia porque ya tenemos inteligencia artificial». Es decir, no es descabellado pensar que, si delegamos todas las funciones que necesitan razonamiento a una herramienta, nuestro razonamiento simplemente dejará de funcionar. Y no es una crítica hacia nadie, es una observación que muchos estudios empiezan a mostrar: cuanto más se usa la IA, hay menos actividad cerebral. Y no, no estoy diciendo que debamos apagar la IA, para nada. Cuando inventamos una tecnología, la integramos en nuestras vidas, es algo instintivo. Parece ser que el uso prolongado de la IA produce daños cerebrales.

En la historia hubo muchas tecnologías que, aunque producían beneficios directos a las personas, a largo plazo las dañaban. Podemos pensar en la energía nuclear, ¡qué cosa tan increíble y poderosa! En la segunda mitad del siglo XX, los países estaban encantados con ella. Pensábamos que el futuro iba a ser nuclear: ciudades, aviones, casas, coches, todo sería impulsado por energía nuclear. La energía ya no sería un problema.

Sin embargo, su descubrimiento fue anterior a los microscopios electrónicos, es decir, no sabíamos el efecto a largo plazo que produciría en nuestro ADN, teniendo la capacidad de mutarnos a nosotros y a los hijos de nuestros hijos.

Por eso, la energía nuclear se tuvo que controlar estrictamente, debido a que cualquier mal uso podría matar a miles de personas y animales, mutar las plantas y destrozar cualquier tipo de evolución.

Y podríamos hablar del amianto, bisfenol y de otras muchas sustancias y tecnologías que, cuando se prohibieron o regularon, muchas personas se resistieron. Es razonable, a mí me pasa: el azúcar se ha regulado mucho y me resisto a no tomarla. Sigo queriendo mi café con azúcar y, cuando leo productos «0 azúcar», me digo a mí mismo: «Bah, qué blandos». Y soy consciente de que el azúcar produce daños de todo tipo en el cuerpo humano. Yo, empecinado en seguir tomando; con el tabaco me pasa igual, me está matando y, aun así…

No creo que la IA se descontrole y nos destruya en el sentido de Terminator o Matrix, es más un problema evolutivo. Nuestro cerebro no quiere pensar en absoluto, nuestro querido cerebro produce sesgos y formas de solucionar problemas que no siempre son óptimos. Por ejemplo, yo siempre voy con camisas, mi cerebro quiere solucionar el problema de vestir de forma sencilla: te pruebas una camisa y compras siete y a correr, problema resuelto. No soporto los supermercados ni las tiendas, por eso, cuando voy a comprar ropa, suelo tardar quince minutos y siempre compro en cualquier hipermercado, lo más fácil y sencillo.

El problema viene cuando voy a algún centro social e intento socializar vestido así. Hmm, creo que mi ropa está diciendo algo al mundo en sentido político. ¿Soy de derechas por llevar camisa?

No se fían mucho de mí, lo comprendo, el patrón generado es ese. La gente tarda tres segundos en definir si le agradas o no. Independientemente de lo que piense sobre el sistema, este ejemplo de las camisas se puede extrapolar a lo que quieras: racismo, clasismo, sexismo. Los prejuicios se forman en la mente de las personas porque a nuestro cerebro no le gusta pensar, es muy costoso. Pero no os quedéis con la anécdota de las camisas, lo importante es saber que nuestro cerebro siempre está en ahorro de energía y eso le pasa a todo el mundo.

Entonces, ¿qué ocurre en nuestro cerebro si cada vez que queremos realizar una tarea que requiere esfuerzo mental (que el cerebro se niega a realizar) se la relegamos a una IA? Pues que el cerebro te lo agradece y lo refuerza, y protegerá instintivamente esa herramienta que nos soluciona el problema de pensar, porque eso es, para nuestro cerebro, realizar una tarea mental.

Más allá de los problemas que genera la expansión de los centros de datos, el uso del agua y la electricidad, el zumbido de miles de ventiladores moviéndose al mismo tiempo genera problemas a las personas que viven cerca. Los ultrasonidos que emiten producen un sinfín de problemas de salud. Pero, dicho esto, no es el mayor de los problemas. El mayor de nuestros problemas con la IA, tal y como está planteada, es que nos induce a un estado en el que se nos va a olvidar pensar por nosotros mismos, y nuestro vago cerebro cada vez más se va a resistir a pensar hasta que ya ni siquiera lo intente.

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